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jueves, 12 de mayo de 2022

El mensaje importa

Tu mensaje hacia mi, es importante.

Lo que yo te digo, es importante.

Cada palabra es importante.

El lenguaje es importante.

 Cartel

Lo que tus padres te dicen, te va dando forma, te va definiendo. 

Lo que tus maestros dicen de ti, te va colocando de cara a tus compañeros. 

Lo que tus amigos te dicen, lo que escuchas sobre ti...


    Un grupo de alumnas y alumnos de 1º de la E.S.O. del Instituto de Puente de Domingo Flórez, hicieron este corto utilizando la técnica de Stop Motion. 

Ellos son:

        Vanessa Alonso Vidal 

 

        Samuel Blanco Fernández 

 

        Ana Nerea Blanco Librán 

 

        Kevin de Assunsao Blanco 

 

        Iván Martínez Rodríguez


IMPORTANTE: Activa el sonido 🎶🎵


Cada palabra, importa.



SELECCIONES Y PREMIOS:

La película ha sido elegida para el Paus Premieres Festival 2022.

     


    Seleccionada para participar en la sección oficial de CortiFestival Cine Escolar, que se celebró en las salas Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Alicante y Elche del 3 al 11 de junio de 2022.



El corto El mensaje importa ha sido seleccionado en la VII edición del Festival FOCO. El encuentro tendrá lugar los días 20, 21 y 22 de octubre en Fuente Obejuna (Córdoba). Y dos alumnos (Iván y Kevin) fueron representando a sus compañeros. En la gala fue elegido como:

Ganador del mejor corto en la categoría de animación:






    Seleccionada para su exhibición durante la SEMANA ¡VIVA EL CINE!, edición 2022, un evento con fuerte impacto en escuelas, centros culturales y ámbitos educativos de todos los niveles.

 
       




    Nominado en el Student World Impact Film Festival (SWIFF) y con una Mención de Honor.






    Seleccionado en la Mostra Audiovisual Estudantil Joaquim Venâncio (Rio de Janeiro, Brasil).



    Nominado en el FECEA, Festival Internacional de Cinema Escolar de Alvorada (Brasil) y otorgado el:

Premio al "Mejor film experimental"




     Seleccionado en el Festival de Cinema Estudantil de Guaíba/RS-Mostra de curtas e longas nacionais e internacionais



    Seleccionado en el V Festival Internacional de cortometrajes infantil y juvenil Cachinus de Cine






En la revista escolar del IESO, un resumen de nuestra participación en el festival. Una experiencia inolvidable:

sábado, 7 de mayo de 2022

Magdalena Sanchez Blesa, o la sensibilidad

 He leído y he escuchado a Magdalena en muchas ocasiones y siempre esbozo una sonrisa con sus palabras.

El otro día leí esta entrada en Facebook y me gustó tanto que busque si estaba en algún blog para compartirla. No lo encontré y le he pedido permiso a ella para compartirlo fuera de la red social, y me ha dicho que si. 

Es algo que yo digo muchas veces sobre nosotros, los docentes: "no sabemos el alcance que tienen nuestras palabras, nuestras miradas, nuestras acciones". Este texto es un buen ejemplo de ello:


Matemáticas
Tuve una vez un profesor que no daba ni un chavo por mí. Cada vez que me sacaba a la pizarra, invocaba a grito limpio al Espíritu Santo para que bajase a ayudarme a resolver los problemas de matemáticas. Me temblaban las piernas cuando decía mi nombre y comenzaban a sudarme las manos y el alma.
Cuando miraba el horario por las mañanas y veía que me tocaba la asignatura de matemáticas, temblaba como un flan. Nunca se me dieron bien. Amé sociales, amé lengua y literatura, amé naturaleza, pero matemáticas fue siempre mi asignatura pendiente.
Yo creía que no se me daban bien y por eso me reñía. Ahora, ya de adulta, comprendo que era al revés. Me reñía y por eso se me daban tan mal.
Acababa de perder a un padre, tenía tristeza para cargar un tren, y cuando me enfrentaba a aquel profesor y me gritaba de aquella manera tan despiadada, poniendo su cara a un centímetro de la mía para preguntarme las tablas de multiplicar, no atinaba a decir ni uno solo de los resultados.
-¡Dos por dos! ¡Seis por ocho! ¡Nueve por cuatro! ¡Cinco por nueve! ¡Burra!
Con eso concluía siempre.
- ¡Vaya carrera llevas, vas a ser la más tonta del pueblo!
La vergüenza me hacía irme llorando hacia mi casa cada vez que esto pasaba. Este profesor llenó de inseguridad y de miedos mi infancia. No sé si lo he perdonado, quizá si, pero sé que no lo he olvidado nunca. Aborrecí las matemáticas para el resto de mi vida, y mira que son hermosas. Fui incapaz de aprobar un solo examen con él. Repetí curso. Había enterrado a un padre hacía poco. No estaba para gritos, ni para cuentas, ni para insultos. Necesitaba que se me subiera la autoestima, que se me acariciara el pelo y se me explicara con dulzura que una multiplicación consiste en hallar el resultado de sumar un número tantas veces como indique otro. Necesitaba que me dijera que iba a conseguirlo, que sería una persona brillante en la vida donde quiera que estuviese. Necesitaba un empujón, un aliento, un guiño. Necesitaba delicadeza, fuerza para salir adelante de aquella tristeza infinita.
Hoy he escuchado a una amiga de mi hija decir que repitió curso porque tuvo problemas. Lo ha dicho con la voz apagada, mirando al suelo, tímida, intentando excusarse por haber repetido. Se me ha venido a la cabeza mi profesor, mi infancia, mi padre, las matemáticas, la palabra burra. Se me ha venido de pronto esa invocación que hacía mi profesor al Espíritu Santo cada vez que yo salía a la pizarra, y también cuando me dijo que iba a ser la más tonta del pueblo.
Inmediatamente le he dicho a la amiga de mi hija:
- Vales mucho, amiga mía. Mucho. Tienes un futuro maravilloso estés en donde estés. Serás una gran luchadora. Le he pasado una mano por el pelo, le he guiñado un ojo. Le he prometido que lo va a conseguir, que no se preocupe. Le he dicho todo lo que este profesor no supo decirme a mí, y que me hizo tanta falta para aprobar su asignatura.
Nadie es el más tonto del pueblo, profesor. Hay jóvenes a los que se les da mejor trabajar que estudiar, hay jóvenes que tienen más problemas y otros menos, pero nadie es el más tonto del pueblo, ni el más listo del pueblo. Se equivocó usted en la enseñanza. Fracasó usted, no yo. Podría haber sido quizá una gran matemática si me hubiese tratado con cuidado, con respeto, quién sabe. Gracias, por cierto, a mi querida Doña Celia, por haberme explicado con tanta dulzura la poesía.
Me dirijo a todos los profesores que aman a sus alumnos y les hacen amar cada clase que imparten. Gracias, de todo corazón. Sigan alentando a los niños y a los jóvenes, para que no aborrezcan su asignatura. Cada una de esas criaturas es el futuro del mundo. Háganles saber, que nadie es el más tonto del pueblo, ni el más listo del pueblo. Pásenles una mano por el pelo de vez en cuando, despejen sus frentes, mírenlos a los ojos y díganles que valen mucho. Tal vez acaben de perder a un padre, quién sabe...

Esta es su página. Si no la conocéis os la recomiendo. Es una delicia leerla y escucharla.

https://www.magdalenasanchezblesa.com





sábado, 15 de febrero de 2020

Resaca de San Valentín



Nunca me ha gustado, ni he celebrado esta fiesta. Quizá sea porque yo no era objeto de flechas de cupido en mis tiempos mozos... Puede ser.
La cosa es que antes la celebraban los jóvenes, las parejas, los enamorados. Ahora se extiende a otros contextos y se generaliza el concepto de amor. Ya no es solo estar enamorado, sino el querer en general. Eso está bien. Pero... sigue quedando gente fuera y, algunos, lo pasan mal.
No hablo de adultos desparejados, que la mayoría estarán más a gusto que un arbusto en ese estado. Es que hay chavales de 8, de 10, de 13 años que dicen “no me quieren” cuando nadie se acuerda de ellos este día; hay niños y niñas que se ven raros porque no les apetece participar en ese juego, hay niñas a las que se les pregunta en el comedor que quién es su novio/a, hay pequeños que mienten diciendo que tienen un novio en el pueblo de sus abuelos para que les dejen en paz.
Un colegio es un micromundo. Cada niño es reflejo de lo que vive, de lo que pasa en su casa... y se ven muchos mundos.
Ayer observé como alumnos no recibían ningún mensaje de cupido (días antes cada uno va dejando, o no, mensajes en una caja para destinatarios concretos) y estaban pendientes de los que amontonaban tarjetas. También vi como se entregaban regalos a determinados profesores y a determinados alumnos, pero en quien yo me fijaba era en los que no recibían nada y miraban a los afortunados exhibir sus trofeos... y se me partía el corazón. Porque los que no reciben regalo también son los que quedan fuera cuando se hacen grupos, los que van solos en el autocar y los que no son invitados a los cumpleaños. Estos y estas se empiezan a acostumbrar a decir "me gusta ir a mi aire", "no me gusta eso de San Valentín", "no quería jugar"...
Así no.
Se estudia que "La escuela es compensadora de diferencias". O así debería ser. En un colegio no debería permitirse repartir invitaciones de cumpleaños si no están todos invitados, no deberían darse regalos a niños o a maestros si no son de toda la clase (y por supuesto simbólicos y a final de curso), no debería. Alguno dirá que hay que aprender a perder y trabajar la frustración, pero es que lo que yo veo es que siempre pierden los mismos...
Sin embargo una alumna de 1º de primaria llevaba una bolsa con corazones para todos sus compañeros y para los maestros que entraban en el aula. Para todos. No es la cuantía del regalo, ni su utilidad, es el detalle. Todos los niños tenían un corazón igual. Todos los maestros teníamos nuestro corazón.
Si entendemos "amor" como algo más abierto y más integrador, así si.
Tal cual lo entienden algunos, me cago en el amor.




miércoles, 28 de septiembre de 2016

Si, tú puedes, hijo.


Recuerdo el día que, al llegar a casa, mi hijo esperaba con una astilla en el dedo, a que yo se la quitara.

Cuando cogí las pinzas y empecé a tirar, me dijo: "¿me duele?".

A continuación, le dio la risa al darse cuenta de lo que había preguntado.

Pero no estaba desencaminado. Lo que quería escuchar era eso, que no le estaba doliendo.

Porque si una madre te dice que puedes, podrás.